Más de uno pensará de si mismo que es una persona sincera y que suele decir lo que piensa, ¡mentira! Esta es una sociedad de hipócritas donde las personas realmente sinceras se convierten en inadaptados sociales sin novia, amigos e incluso a veces ni familia.
En esta sociedad para gustar debemos mentir (o callarnos lo que pensamos que viene a ser lo mismo). Mentimos sobre nuestros gustos, sobre el aspecto físico de los demás, sobre nuestras ideologías…
Y es que no nos engañemos a los demás les gusta escuchar justo lo que quieren escuchar (creo que me estoy liando) y tus respuestas a determinadas preguntas marcará tus relación con los demás.
Algún listo dirá “como me gustaría ser como House, que dice lo que piensa en todo momento y encima es un tío entrañable”. Amigos, House es una serie de ficción y en la vida real estaría en su casa, sin trabajo, amigos y teniendo que robar para pagarse las vicodinas.
Yo reconozco que a pesar de que intento ser fiel a mis convicciones y decir siempre lo que pienso cuando me hacen una de esas preguntas con “trampa” rápidamente noto que algo evita que conteste automáticamente y con total sinceridad, es como una vocecilla que me dice “tío no lo digas que la cagas… di otra cosa“. Dentro del gran repertorio de mentiras que podemos llegar a soltar al día, ya casi sin planteártelo, podemos distinguir varios tipos:
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