Turismo rural
Este fin de semana pasado estuve de turismo rural en un pueblecito cercano a Teruel (España) concretamente “Albarracín”. Algunos se preguntarán ¿qué es esto del turismo rural? Pues básicamente es (algunos me llamarán bruto por la descripción) meterte en una posada de mala muerte en medio de la nada donde todo el pueblo está hecho polvo y todo lo que hay alrededor no es más que campo (ah! y no hay Internet… horripilante). Bien, dicho esto deciros que para disfrutar realmente del turismo rural hay que tener una sensibilidad especial porque la linea entre un lugar con aspecto postnuclear y un lugar encantador es muy fina y dependerá del punto de vista del viajero. Deciros antes de nada que a pesar de que enfocaré mi experiencia desde un punto de vista humorístico disfruté mucho de ese fin de semana (un turista rural se nace pero también se hace).
Albarracín es el típico pueblo de postal que si no conoces a alguien que haya ido o tenga referencias sobre él ni te enterarías que existe. Después de un largo y no muy sencillo viaje llegamos al pueblo y nos dirigimos hacia nuestro alojamiento que habíamos reservado por Internet (rústico pero con medios). Deciros que mi primera impresión cuando vi la posada por fuera fue “esta casa se va a caer y nos va a pillar dentro”. Pero al entrar vimos que por dentro estaba espectacularmente restaurada y tenía este toque hogareño de madera y piedra.
Ese primer día lo dedicamos a lo mejor que tiene eso del turismo rural, ponerte hasta el culo de las especialidades culinarias de la zona y tocarte las bolas.
En la mañana del segundo día nos dedicamos a hacer rutas (no puede haber turismo rural sin sus rutas). Fuimos en busca de unas cascadas las cuales fueron dificilísimas de encontrar porque entre otras cosas el tema de los carteles indicativos se ve que no prolifera por allí. Tras dar 20.000 vueltas y preguntar unas cuantas veces las encontramos. Un detalle, si odias la naturaleza no hagas senderismo, a mi personalmente la naturaleza, los arboles, los animalillos me gustan pero para cuando acabé la ruta estaba deseando notar cemento bajo mis pies.
A mediodía (como si de una maratón turística se tratase) nos dirigimos a buscar unas pinturas prehistóricas. Allí reconozco que ni sensibilidad ni nada, ni pensar que eran de hace millones de años ni que no tenían medios ni nada, tras patear un montón a pleno sol hasta encontrarlas cuando las vi ( y me cagué en todo) dije “y pa esto hemos venido”, no esperaba gran cosa pero el cansancio hizo que incluso me pareciera menos interesante de lo que era.
Por la tarde llegamos al pueblo y tras comer y, a pesar de que el pueblo no era especialmente grande, decidimos coger una guía para que nos explicara un poco orígenes y curiosidades sobre Albarracín. Cuando llegamos a la plaza del pueblo (de donde salía la ruta) comprobamos que formábamos parte de un grupo standard de turistas rurales de donde podíamos destacar.
- La pareja de pijos, con la típica señora cuarentona (a la cual el que el pueblo estuviera lleno de piedrecitas y losetas sueltas no le suponía un obstáculo para llevar tacones) y su marido que me recordaba irremediablemente a Julián Muñoz ( alias Cachuli), móvil al cinturón incluido.
- Típico viajero solitario con mochila a la espalda, barba de dos días y claras señales de que ha venido andando de no se sabe donde.
- Pareja de jubilados (que no falten).
- Unos críos muertos de asco.
- Pareja de macarras con pintas discotequeras (seguro que se liaron).
- Unos extranjeros.
- El típico gilipollas que no calla y no deja de cortar a la guía.
- Ah! y nosotros claro (pero nosotros molábamos).
Como os he dicho esto del turismo rural se disfruta según la predisposición con la que vayas y mucho más con una guía que tiende a sufrir “orgasmos turísticos” constantemente ya que para ellas (ojo que no lo crítico) hasta un pomo de puerta puede ser algo como para montar un evento.
Así pues empezamos la ruta visitando algunas calles importantes que eran tremendamente estrechas, llenas de grietas y reparadas a amasillazo limpio. Claro viniendo de una urbe donde todo es uniforme y regular ver esto te daba la sensación de (en pocas palabras) “vaya mierda de casas que se caen a pedazos”, pero amigos todo hay que verlo con cierta perspectiva y conjunto, esas casas, los ambientes, la tranquilidad y la historia que tenían cada uno de esos ladrillos hacía de esa calle de mierda un lugar encantador. En una ciudad ver una viga asomando o un trozo de pared desconchado y una pintura encascarillada sería algo “cutre” pero en ese pueblo eso marcaba cierto carácter, es como el concepto “viejo” y “antiguo” que aunque en cierta manera son lo mismo si nos paramos a analizarlo son totalmente diferentes.
También hay que decir, como ya he comentado antes, que la guía era totalmente lo contrario de algunos de nosotros que eramos unos brutos insensibles porque ella podía pasarse minutos enteros sin pestañear alabando las grandezas de una cerradura hecha a mano mientras nosotros nos habíamos quedado absortos mirando como una hormiga transportaba una pipa ( lo de la cerradura molaba pero tampoco era para tanto…) .
La guía cerró nuestra visita hablando un poco sobre los orígenes históricos la muralla que envolvía el pueblo. En definitiva deciros que excepto algunos momentos de excesivo detallismo de la guía en general fue muy amena y quedamos muy satisfechos.
Al día siguiente compras de recuerdos de última hora y de vuelta a la civilización.
Para acabar deciros que os recomiendo de verdad que probeis esto del turismo rural porque en pocos sitios encontrareis tanta paz como en un pueblo como Albarracín y después de pasaros un par de días alejado de todo valorareis mucho más lo que teneis (cuando llegué me pase horas abrazado a mi portátil).
Escroto_Roto(^_^)!







# 1
# 2
ÉSTO ES UN POST DE NFERMOS.COM Te felicito, amigo Escroto_Roto. Éste es el tipo de post que me gusta y sólo puedo leer aquí. Es más; éste es el tipo de post que más me anima a comentar. Por cierto, seguro que la arriba mencionada ruta se hizo acompañados de las correspondientes “Chorbas”. ¿Si uno hubiera sido un hombre soltero, se hubiera hecho esa salida? Yo creo que los tios sólo hacemos estas cosas porque nos vemos conducidos por nuestras costillas (Léase mujeres, novias, chochetes…) Por cierto, ¿no parece paradójico conseguir hacer una reserva por Internet para ir a un lugar donde parece ser que no llega? (esto es igualito que un libro de Stephen King).